El libro perdido: Versión 9

Publicado: 5 enero, 2011 en Métodos de creatividad, Versiones
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VERSIÓN 9 – EL FINAL DE NUESTRA HISTORIA

«No me puedo creer que lo haya perdido»

Un hombre caminaba nervioso por las calles de la cuidad. Había comprado un libro antiguo para regalárselo a un amigo, y lo había perdido. Se dio cuenta de ello cuando llegó a casa, dispuesto a presumir de su suerte al encontrar una antigüedad en tan buen estado, y se percató de que no llevaba el libro consigo.

–¿Pero cómo has podido perderlo? –Fue la pregunta de su mujer.

–¡No lo se! –exclamó furioso–. He salido de la tienda, y le llevaba. Después he venido directo a casa.

–Bueno, no pasa nada. Mañana, cuando salgas de trabajar, vamos a ver si se te ha caído en algún sitio.

–Como si fuera tan fácil. Un libro así no se queda en el suelo, alguien se lo habrá llevado ya.

Después de una larga noche en la que apenas pudo conciliar el sueño, el hombre fue a trabajar pensando en dónde estaría el libro. Lo que no sabía era que, en ese preciso momento, el libro estaba siendo recogido por una joven que iba a la escuela.

Cuando terminó la jornada laboral, el hombre decidió hacer el mismo recorrido que había hecho el día anterior cuando compró el libro. Se dirigió a la tienda, habló con el dependiente y fue al parque.

Cansado y desesperado, se sentó en un banco de piedra. «No puede ser… No voy a encontrarlo nunca», pensaba mientras se echaba las manos a la cabeza. De repente, un escalofrío recorrió su espalda, y una fuerza sobrenatural hizo que girara la cabeza hacia un árbol. Entonces lo vio.

Allí, bajo el árbol, estaba el libro; su libro.

Rápidamente, se levantó y lo cogió. Sí, era su libro, estaba seguro. Lo abrió y descubrió que ya no estaba en blanco, sino que había páginas escritas.

Estuvo a punto de gritar de frustración. ¡Alguien había escrito en el libro y lo había vuelto a dejar donde estaba! Era intolerable que hubieran mancillado una antigüedad como esa.

Tras debatirse durante largo tiempo entre arrancar las páginas o no, decidió leer alguna página. En la primera página había una nota escrita con letra infantil: “Esta mañana he encontrado el libro y, al ver que no estaba escrito, lo he llevado a clase y hemos decidido escribir una frase cada uno. Ahora que estás en poder del libro, añade tu pequeña parte y pásalo para poder formar, entre todos, una historia. Carolina.”

El hombre sonrió. Una niña había comenzado una historia en su libro y, aunque le dolía perder un libro antiguo, le pareció una buena idea. Añadió su frase y se llevó el libro consigo.

(…)

Meses después, un nuevo título salió en las librerías de toda la cuidad: “El libro perdido”. Curiosa, Carolina lo abrió y descubrió que era la historia que ella misma había empezado aquel lejano día en el colegio. Lo compró y, cuando llegó a casa, comenzó a leer esas líneas que pertenecían a todas las manos que habían escrito en ese libro y que, juntas, habían formado una historia: La Historia del Libro Perdido.

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