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A petición popular (o más bien porque he querido), he reunido mis 9 versiones de “El Libro Perdido” en un documento.Están todas, desde el texto original que hicimos en clase hasta la historia de qué pasa con el libro después de que nuestra protagonista le deje en el banco.

“¿Y por qué?”, os estaréis preguntando. Pues porque estoy muy contenta con mis versiones y es una forma sencilla de poder leer todas sin perder el tiempo rebuscando por el blog. Una buena idea, ¿eh?

Pues AQUÍ tenéis las versiones, esta vez sin faltas de ortografía y bien ordenadas, ¡disfrutadlas!

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VERSIÓN 9 – EL FINAL DE NUESTRA HISTORIA

«No me puedo creer que lo haya perdido»

Un hombre caminaba nervioso por las calles de la cuidad. Había comprado un libro antiguo para regalárselo a un amigo, y lo había perdido. Se dio cuenta de ello cuando llegó a casa, dispuesto a presumir de su suerte al encontrar una antigüedad en tan buen estado, y se percató de que no llevaba el libro consigo.

–¿Pero cómo has podido perderlo? –Fue la pregunta de su mujer.

–¡No lo se! –exclamó furioso–. He salido de la tienda, y le llevaba. Después he venido directo a casa.

–Bueno, no pasa nada. Mañana, cuando salgas de trabajar, vamos a ver si se te ha caído en algún sitio.

–Como si fuera tan fácil. Un libro así no se queda en el suelo, alguien se lo habrá llevado ya.

Después de una larga noche en la que apenas pudo conciliar el sueño, el hombre fue a trabajar pensando en dónde estaría el libro. Lo que no sabía era que, en ese preciso momento, el libro estaba siendo recogido por una joven que iba a la escuela.

Cuando terminó la jornada laboral, el hombre decidió hacer el mismo recorrido que había hecho el día anterior cuando compró el libro. Se dirigió a la tienda, habló con el dependiente y fue al parque.

Cansado y desesperado, se sentó en un banco de piedra. «No puede ser… No voy a encontrarlo nunca», pensaba mientras se echaba las manos a la cabeza. De repente, un escalofrío recorrió su espalda, y una fuerza sobrenatural hizo que girara la cabeza hacia un árbol. Entonces lo vio.

Allí, bajo el árbol, estaba el libro; su libro.

Rápidamente, se levantó y lo cogió. Sí, era su libro, estaba seguro. Lo abrió y descubrió que ya no estaba en blanco, sino que había páginas escritas.

Estuvo a punto de gritar de frustración. ¡Alguien había escrito en el libro y lo había vuelto a dejar donde estaba! Era intolerable que hubieran mancillado una antigüedad como esa.

Tras debatirse durante largo tiempo entre arrancar las páginas o no, decidió leer alguna página. En la primera página había una nota escrita con letra infantil: “Esta mañana he encontrado el libro y, al ver que no estaba escrito, lo he llevado a clase y hemos decidido escribir una frase cada uno. Ahora que estás en poder del libro, añade tu pequeña parte y pásalo para poder formar, entre todos, una historia. Carolina.”

El hombre sonrió. Una niña había comenzado una historia en su libro y, aunque le dolía perder un libro antiguo, le pareció una buena idea. Añadió su frase y se llevó el libro consigo.

(…)

Meses después, un nuevo título salió en las librerías de toda la cuidad: “El libro perdido”. Curiosa, Carolina lo abrió y descubrió que era la historia que ella misma había empezado aquel lejano día en el colegio. Lo compró y, cuando llegó a casa, comenzó a leer esas líneas que pertenecían a todas las manos que habían escrito en ese libro y que, juntas, habían formado una historia: La Historia del Libro Perdido.

VERSIÓN 8 – CUANDO EL LIBRO NO ESTABA PERDIDO

Era un día nublado. Al mirar el cielo solo se veía gris y, muy de vez en cuando, un rayo de sol se filtraba entre las densas nubes.

Cabizbajo, un hombre caminaba por una calle solitaria. «Si no lo encuentro en esta tienda, renuncio». Alzó la vista y, al torcer la calle, vio la vieja librería. Abrió tímidamente la puerta y el sonido de una campanilla avisó al dependiente de su llegada. El hombre se acercó al mostrador y se encontró con otro hombre mucho más mayor que él, que limpiaba los cristales de sus gafas con su camisa.

–¿En que puedo ayudarle? –preguntó colocándose las gafas.

–Verá… –respondió el cliente dubitativo–. Vengo buscando un libro antiguo… Pero es algo extraño.

–Esta usted en el lugar indicado. Esta es la librería más especializada en rarezas que tienen ya un tiempo.

El hombre no pudo hacer otra cosa que sonreír al anciano.

–Estoy buscando un libro con encuadernación en piel pero que tenga algo para mantener el libro cerrado. Las páginas deben ser de papel y… –El hombre hizo una pausa, ya que le tocaba la parte difícil–. Quiero que el libro esté completamente en blanco.

El anciano dependiente se pasó la lengua por los labios y asintió.

–Creo que tengo lo que busca. Déjeme adivinar, ¿es un regalo? –preguntó mientras se alejaba a la trastienda.

–Sí –contestó aliviado–. Tengo un amigo que quiere escribir “la obra de su vida” en un libro digno de ella.

El anciano volvió con un libro, sonriendo. Lo abrió y estaba completamente en blanco.

–Debo avisarle de algo –pasó páginas hasta la última–. Esta página está escrita. Como ve, son palabras sin sentido, al menos yo no se lo encuentro. Espero que no sea un problema, ya sabe que los libros de segunda mano…

–Me lo llevo –repuso el hombre. «Una página escrita no va a hacer que deje pasar la oportunidad de encontrar el libro perfecto».

Pagó el libro y se encaminó hacia su casa. Al fin había encontrado el libro, y sabía que no iba a encontrar nada mejor.

Por el camino pasó por un parque y decidió sentarse en un banco. Sacó el libro del bolsillo y lo observó. Tenía la cubierta de color marrón, con dos tiras que enganchaban en la portada manteniéndolo cerrado. Las páginas eran de papel, datarían de finales del sigo XVIII, principios del XIX.

De repente, el sonido del móvil interrumpió su observación.

–¡Hola! Sí, he encontrado el libro. Pues verás, estaba en una tienda del centro…

El hombre se levantó del banco y comenzó a caminar. Estaba tan concentrado con el móvil que no se percató de que el libro aún permanecía en el banco, esperando ser recogido.

VERSIÓN 7 – POESÍA

Una oscura silueta atravesó el parque, sin aliento

llevaba consigo un libro, éste, de aspecto viejo.

 

Lo depositó en un banco, quizás con algo de lástima

y allí el viento lo hizo abrir, y así pasar las páginas.

 

Fue cuando se cerró y una hoja quedó doblada

hasta que fue recogido por una joven, a la mañana.

 

Y lo encontró al pasar por aquel mágico parque.

Su nombre Carolina, camino del colegio iba.

 

Mientras el profesor impartía la clase,

el libro cayó, llamando la atención de este.

 

Se acerco, y así, abrió el libro,

el cual, para su sorpresa, estaba vacío.

 

Mas la última página estaba doblada, vaya…

En ella había escritas, sin sentido aparente, palabras.

 

Los alumnos presentes no hacían más que preguntar:

El por qué existía el libro, por qué vacío había de estar.

 

Carolina entonces, ya que no había palabras, propuso una idea.

Que cada uno aportara una frase, y así una historia escribieran.

 

Acabada la clase, y el libro escrito por unos pocos,

vio Carolina un árbol, llamativo a sus ojos.

 

Allí decidió dejar el libro, en compañía de unos lirios

haciéndolo pasar de mano en mano, y que las frases escritas no fueran en vano.

 

Y que así continuaran, una historia de un libro pequeño,

la historia de unas palabras, la historia del libro perdido.

VERSIÓN 6 – COMPAÑERA

«¡Por favor! Vaya aburrimiento de clase tenemos hoy, ¿es que nunca pasa nada interesante? Además, tengo el maquillaje fatal, me tenía que haber retocado antes en el baño.»

Suspiré. Estaba harta de esa clase, y ¡solo llevaba 5 minutos! Quería morirme del aburrimiento cuando llamaron a la puerta. Eran Carolina y Helena, siempre llegando tarde… «Pero por Dios, como se puede salir de casa con esas pintas…» Me reí ante tal pensamiento y volví a dedicar mi atención al espejo que tenía en la mano.

De repente, el profesor se dirigió a Carolina y le quitó un libro. Era pequeño, de un estilo así como renacentista. ¡Era super cuqui! ¿De dónde lo habría sacado la cutre de Carolina? No tiene estilo para llevar algo tan clásico y moderno a la vez.

Carolina dijo que lo había encontrado y se lo había traído a clase. O sea, me encuentro yo un libro tan mono y me lo llevo, pero a casa. Además estaba en blanco, podía ser mi diario. ¿Te imaginas un diario así? Seria tan cool.

El profesor se dio cuenta de que la última pagina estaba doblada, y tenia una serie de palabras. Seguro que la Carol había escrito chorradas para estropear el libro. Carolina propuso que cada uno dijéramos una frase, y ella lo apuntaría en el libro para dejarlo después donde lo había encontrado.

¿Iba a dejar de nuevo el libro? Pues sería yo la que lo cogería. Era perfecto par mí.

Después de escribirlo, seguí a Carolina y vi como lo dejaba en un parque cercano. Cuando se alejó me dispuse a cogerlo, pero ya no estaba allí. ¿Cómo era posible? ¡Hacía un minuto estaba ahí! ¡la había visto dejarlo y nadie se había acercado! A no ser que Carolina se lo hubiera llevado consigo. ¡Todo con tal de fastidiarme!

Frustrada, me alejé del parque sin saber que el libro estaba ahí, esperando que lo cogiera alguien que continuara su historia.

VERSIÓN 5 – PERGAMINO

Una sombra atravesó el parque. Absorbía la luz para hacerse cada vez más grande, dejando todo sumido en la oscuridad. Portaba con ella un pergamino antiguo, que dejó caer en el parque antes de irse y llevarse consigo la oscuridad.

Durante la noche, ese pergamino comenzó a brillar y a llenarse de palabras arcanas, pero al momento el brillo desapareció y todo volvió a quedar como estaba.

A la mañana siguiente una pequeña hechicera, que iba de camino a la escuela, se topó con el pergamino. Lo miró y no vio nada, tan solo un pergamino vacío. Curiosa, lo metió en su bolsa y siguió su camino.

Esa misma mañana, pero algo más tarde, la joven se encontraba haciendo pociones. El profesor decía a sus alumnos los ingredientes necesarios y el modo de realización, a la vez que lo hacía él, y ellos intentaban imitarle. De repente, el profesor vio algo en el suelo. Se acercó rápidamente y descubrió que era un pergamino. Al desenrollarlo, se dio cuenta de que no había nada escrito.

–Vaya, vaya… ¿A quién se le ha caído esto?

La joven que lo había encontrado se levantó avergonzada.

–Es mío, profesor… Lo he encontrado esta mañana.

–¿Encontrado?

El profesor miró horrorizado el pergamino y lo lanzó lejos. Acto seguido, sacó su varita y comenzó a recitar una serie de conjuros.

Los alumnos se preguntaban por qué estaría haciendo aquello, hasta que vieron que el pergamino comenzó a elevarse y a mostrar una serie de palabras arcanas, sin sentido aparente.

El profesor, aliviado al ver aquello, cogió de nuevo el pergamino y lo mostró.

–Hemos tenido suerte, tan solo es un pergamino viejo. ¿Veis estas palabras? Son un hechizo, quiere decir que podéis escribir cuánto queráis en él, ya que nunca se va a terminar el espacio.

El profesor sonrió y le entregó el pergamino a la joven. Ésta, propuso que escribieran una historia entre todos y después dejara el pergamino en el parque dónde lo había encontrado.

Juntos, los alumnos y el profesor escribieron el inicio de una historia, que más tarde continuarían otros alumnos, convirtiendo ese pequeño pergamino en un libro; el libro perdido.

VERSIÓN 4 – Diario.

Querido diario:

Esta mañana, cuando iba a clase, me he encontrado un libro. Estaba tirado en el parque de al lado del colegio. He buscado a la persona que lo había perdido, pero como no la he encontrado, me he quedado con el libro; lo he metido en la mochila y me he ido a clase.

Cuando estaba en la primera clase, he sacado el libro para ver que había escrito, pero estaba en blanco. Decepcionada, iba a volver a guardarlo cuando se me ha caído al suelo y el profesor lo ha cogido.

–¿Y este libro? –Me preguntó curioso. Yo creía que se iba a enfadar por no estar atenta a su clase, pero no ha sido así.

–Me lo he encontrado esta mañana en el parque –contesté avergonzada mientras él pasaba las páginas.

–Hum –dijo pensativo al ver que estaban todas en blanco–. ¿Sabes por qué están todas…? No, espera… Esta última está doblada y… hay unas cuantas palabras.

No me había dado cuenta de eso, solo había visto que estaba vacío. Lamenté no haberlo descubierto antes, porque mi profesor estaba esperando una respuesta.

–Pues yo no… –respodí como pude. No tenía ni idea.

–¿Unas palabras? ¿Qué palabras?

–¿Por qué la página estaba doblada?

Mis compañeros empezaron a preguntar al profesor sobre el libro, y me dejaron tranquila. Ninguno teníamos respuesta a esas preguntas, pero se me ocurrió una idea. En medio del alboroto me levanté de mi silla y me dispuse a hablar.

–Tengo una idea. Ya que el libro no tiene nada escrito… ¿Por qué no lo escribimos nosotros?

Y eso fue lo que hicimos.

Después, dejé el libro dónde lo había encontrado. Así, alguien podría seguir escribiendo lo que nosotros habíamos empezado hasta formar una historia: la historia del libro perdido.